No sé si aún me recuerdas, nos conocimos al tiempo, tú, el mar, el cielo, y quien me trajo a ti...
Tienes lo que no mereces, y las cosas que necesitas, de esas careces
Eran días de medio ciclo, exámenes, trabajos, al borde del suicidio. Y en la madrugada de esas, inscribí mi perfil y empecé a postear. Realmente fue solo por curiosidad, sin oportunidad a más. Y en una de las noches de chat, encontré a alguien que no creí volver a ver
Fue jueves, porque ya iba publicando la tercera parte de mi relato LUNA, y alguien me habló insistentemente. Miré la foto de su perfil y vi que era un amigo de la secundaria, que mala fortuna…
Me distinguió, porque en ese entonces publiqué mi foto, y desde ese momento no paraba de insistir que le hable.
-Qué pasaría, qué diría -
Lo ignoré por completo, cerré mi página, y continué haciendo mis obligaciones
Amanecí estudiando, en parte por la urgencia, en parte por las malas impresiones
Pasaron unos días más, y lo encontré en mi e-mail. Fue un punto en el que me di cuenta que esto ya estaba mal.
Hola – empezó - amigo, como es que te ha ido en este tiempo
Hola – respondí – todo bien, no esperaba encontrarte otra vez, y menos por aquí.
Nunca fuimos amigos, pero nos conocíamos desde hace diez años más o menos. Él era el chico popular y mandón, yo era el de las tareas, el tranquilo. En la Secundaria, siguió igual, y yo pasé a ser también algo popular, desde que existió la bendita tabla de méritos (aún la odio)
Terminamos esa etapa, y yo me iría a hacer mi rumbo, mientras él se embarcaría a hacerse de una carrera distinta a la mía. Era un alivio, ya me cansé de verlo en toda la etapa escolar.
Y así se inicio una conversación muy larga.
Hablamos de ambos, de nuestros amigos de infancia temprana, de nuestra incompatibilidad en aulas; nuestras riñas y el ser tan distintos, y a la vez de la sorpresa de vernos enlazados por una página de hacer amigos, esta página para ser más específicos…
Quizá en mi caso hubiese sido más evidente, salía con chicas, pero era demasiado timorato, y las relaciones era de un rato. Solían ser salidas con chicas, en los que más que enamorados parecíamos hermanos, y algunas carentes de pasión, al menos por parte de mí.
El en cambio, poseía autoconfianza, y salía con las chicas más simpáticas, y era evidente que estaba muy enamorado de ellas. Las relaciones que mantenía, le duraban más, y siempre tenía admiradoras a vox populi.
En ese momento, tantos años resultaron vanos, éramos dos chicos que se conocía recién y estaban en la misma situación, que íbamos uno frente al otro, con la misma orientación.
Nos empezamos a descubrir, sin prisa. Nos dimos cuenta que para encontrarse, el destino no avisa.
Estábamos allí, hablando como dos chicos, perfectos desconocidos, y estábamos ansiosos de conocernos, tan asiduos, de saber el porqué de que a estas alturas, nos demos cuenta que lo nuestro era disfrutar una dulce locura.
Ambos estábamos lejos del punto donde nos conocimos, así que solamente hablamos por correo. Nos dimos cuenta que el ser diferentes también nos hacia complementarios, y que la no muy larga distancia aumentaba el deseo.
El fin de semana siguiente al chateo nos reencontramos, y fue emocionante. Cerca al colegio, a la salida, fue el punto de partida. Estaba igual que antes, y yo había perdido unos kilos entonces. Habíamos hablado de tantas cosas, pero en ese momento estábamos como paralizados, nunca habíamos ido juntos al acabar clases, peleamos a muerte pero nunca hicimos las paces, y en ese instante, debería ser de otra forma, diferente a antes.
Fuimos a comer cerca, algo rápido, y devoramos todo, tal vez por la impresión. Caminamos unas cuadras y no decíamos absolutamente nada, ¿qué es lo que realmente esperaba?
Te gustaría, ir a otro lugar – dijo – estar por aquí, y verme mudo, y yo a ti. Me incomoda un poco.
A donde se te ocurre, la verdad, sería genial en un lugar tranquilo, el que sea, con tal que no sea intimidante.
…Que sitio más tranquilo, que una playa en invierno…Al azul del cielo, lejos de la ciudad, de ese infierno…
Y en la playa, nos sentamos, empecé a hacer círculos en la arena, y ya, en ese instante baje la guardia, si- lo reconozco – baje la guardia. No seré el primero ni último, pero lo que pasó fue sincero, y cada segundo único.
Dejé que se haga cada pregunta por más trascendente o baladí que parezca, y a la mayoría respondía con un sí, aunque no lo merezca.
Bien, me di cuenta en medio de la conversación que era la primera vez que escarbaba en este mundo, era como su primera vez, en casi todo…
Y quiso ir muy rápido, estar juntos, hacerlo en ese instante, sin que le importe al resto, y si no funcionaba en la intimidad, dejarlo ir, que las olas se lo lleven.
Ya no quería jugar, algo que no quería podría suceder, la puesta de sol iba a empezar, y con un suceso así, todo podría pasar. Salimos del puerto, y se quedo contrariado, como si hiciera difícil lo que en realidad se haría muy fácil.
Vamos a mi casa – me invito – a preparar algo, a pasar un buen rato. Ya no la hagas larga.
¿Te parece si nos vemos mañana, la otra semana, o cuando puedas?
Como quieras – respondió – me iré pronto, que sea la próxima semana, pero el lugar lo propongo yo…
A la mitad de la siguiente semana el mensaje de texto hablaba de muchas cosas, entre ellas, que la segunda salida sería en la playa…
Fueron días inolvidables, de sueños insaciables, horas de plenitud los que pasé con Raúl
Si pudiera volver a nacer, te vería cada día amanecer
Continuará…
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